Hace tanto tiempo, que no escribo algo de mis recuerdos... es que a veces me parecen muy personales y como acá son un tanto públicos, no me atrevo a contarlos.
Hoy me di cuenta que escribo algo una vez al año y como ya ha transcurrido más de un año, me siento como en la obligación de narrar otra imagen del pasado, que viene a mi memoria, para así no abandonar tanto este espacio virtual.
A mis hijos cuando les he contado este episodio de mi niñez, les da mucha extrañeza, además de risa, porque no aprendí a equilibrarme con soltura sobre una bicicleta, bueno acá va la historia...
Ya comienza el otoño... las hojas de los árboles caducos se van esparciendo por las veredas de nuestro entorno, por los parques y caminos, esas hojas que presentan una policromía hermosa donde va transformándose el verde en rojizo, amarillo, dorado, hasta llegar a esas hojas secas que en mi niñez solía ir pisando porque me agradaba el ruido... ese crujir de hojas.
Ahora como se aproximan nuestras festividades patrias llegó a mi
memoria un recuerdo de aquella época...cuando era niña.
Vivía por ese entonces cerca del Parque Cousiño, al que desde 1972 se le conoce como Parque O’Higgins, en su terreno se instalan desde hace muchos años las principales fondas y ramadas de la capital, por lo que era un paseo seguro el 17 o 18 de Septiembre.
Hoy es el "Día del Padre" y para mí es un día triste, porque no tengo a papá a mi lado, el no poder abrazarle y decirle cuánto le quiero y cuánto lo extraño, me pone muy triste, aún cuando sé que es así la vida... que los padres se tienen que ir algún día, pero a pesar de que ha pasado el tiempo, siento muchísimo su partida y hoy solo podré llevarle unas flores...
"Enseñarás a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida. Sin embargo… en cada vuelo, en cada vida, en cada sueño, perdurará siempre la huella del camino enseñado". (Madre Teresa De Calcuta)
Madre...hoy se celebra el día de la madre y me siento huérfana de ti, sin tus besos y caricias... solo en mi recuerdo latente, siempre, siempre, estarás.
Coloqué esta foto porque corresponde al tiempo cuando fue madre por vez primera... mi madre.
Hace unos días atrás estuve de cumpleaños y me puse a recordar aquellos cumpleaños infantiles, de antaño.
Hasta los siete años, cuando vivía en casa de mis abuelitos Elisa y Luis, esta celebración fue con muchos niños y niñas de invitados; entre vecinos, primos y compañeras del Liceo, además de todos los familiares cercanos. Llegaba tanta gente a la casa que me ponía muy nerviosa, pero cuando llegaba la hora de jugar se me pasaba toda la timidez y en el momento principal de la celebración, cuando se cantaba “cumpleaños feliz” terminaba apagando las velitas, roja de vergüenza, no había nada más incómodo que eso.
En estos días en que los escolares se reintegran a sus clases, el recuerdo de mis primeras incursiones estudiantiles llegó a mi memoria.
En mis tiempos no existían el pre-kinder ni el kinder o el jardín infantil, se ingresaba directamente al primer año de preparatoria. Así fue que con cinco años de edad, ingresé al primer año de preparatoria del Liceo de Niñas N° 5, ubicado en la calle Portugal con Marcoleta, aún está el edificio, ahora es propiedad de la Facultad de Arquitectura de la Universidad de Chile. El primer día de clases me fue a dejar mi madre, iba muy orgullosa con mi uniforme de chaqueta y falda azul con blusa blanca y con una gran curiosidad de cómo sería aquello. Eso sí estaba un tanto nerviosa porque era muy tímida y al estar entre tantas niñas desconocidas, no sabía cómo iba a resultar ese encuentro. En la sala de clases éramos muchas niñas, la lista constaba de cincuenta y dos alumnas.
Las primeras vacaciones que recuerdo, son las que pasaba en el litoral central, en Cartagena.
Eran aquellos años en que la playa de Cartagena era considerada elegante, fui allí hasta los cinco o seis años, luego no íbamos porque al parecer ese balneario se puso muy popular y ya no tenía la tranquilidad esperada para el descanso, se poblaba de gran cantidad de visitantes. A este lugar se podía llegar en tren, demorándose aproximadamente unas tres horas, recuerdo ese recorrido por los cerros, en subidas y descensos, el pito del tren cuando cruzaba algún camino, el olor al carbón, porque ese era su combustible, los vendedores de bebidas en un canasto de mimbre, la parada en Melipilla, donde llegaban las vendedoras de dulces chilenos y sandwich de pollo con palta, era toda una aventura para mi ese viaje.
Esta es una fecha que me recuerda, con
mucho dolor, la partida de este mundo, de mi Padre.
Siempre lo vi como un triunfador y sabía
el porqué de esto, era el fruto de su constancia, de su tesón y de su
inteligencia.
Tengo en mi memoria grabada esa escena
cotidiana, viéndolo desde mi cama, antes de dormirme, sentado en su escritorio
alumbrado con su lámpara, estudiando, no sé exactamente si inglés, matemáticas
u otras ciencias; en ese entonces yo contaba con sólo cinco años.
Ahora estoy escribiendo en mi laptop,
sobre ese mismo escritorio, estoy plasmando estas palabras, quizás como una
forma de dejar un testimonio de lo que fue mi padre, para mí.(Leer más)
Hoy es un día que trae a mi memoria el recuerdo de mi Primera Comunión, a mis siete años.
Mi familia, todos muy católicos, tanto de parte de los parientes maternos como paternos. Eso sí que se destacaban entre mis parientes paternos dos hermanos religiosos, una era la Madre Encarnación y su hermano, el Padre Ajenor. Nunca supe sus verdaderos nombres, ellos eran primos de mi abuelita paterna, mi abuelita Victoria.
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