Visitando mi blogEn estos momentos hay 1 personas visitando "Nancy Villegas H."
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Hace mucho que no escribo, pero hoy que llueve tan intensamente vino un recuerdo muy especial a mi memoria. Vivía por ese entonces con mis padres, en casa de mis abuelitos, en calle Aconcagua casi al llegar a San Ignacio, era una casa muy cómoda y calientita, en la actualidad esa vivienda sigue muy bien conservada por sus actuales dueños. (Leer más)
Dentro de mis recuerdos hay uno que significó un desafío grande para mí, no por la acción que debía desafiar sino por lo poco común que era, en esos años. Pero como siempre me he desafiado, a mí misma, no podía dejar de sentir esa nueva sensación, que anhelaba experimentar. Así fue como me aventuré e hice mi solicitud para realizar el curso de piloto civil. Tuve que pasar varios exámenes, entre ellos sicológicos y médicos con lo cual la Dirección de Aeronáutica Civil me concedió la autorización para incorporarme al curso de vuelo en el Club Aéreo de Melipilla, cuando corría el año 1976.(Leer más)
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Radioafición, un hobby que tuve por varios años y que me dejó gratos recuerdos. Fuí radioaficionada hasta Agosto de 1991, después no renové mi licencia, ya que no contaba con el tiempo necesario para dedicarme a ello. Hoy quise recordar aquellos tiempos en que con un equipo transmisor fijo que salía en la banda de los 40 metros y con mi señal distintiva “CE3-AAC” transmitía mi llamado “CQ, CQ, 40 metros, CE3-AAC, llamando, para QSO”. El código Q , que permitía ahorrar frases, siempre lo recuerdo. Era muy grato tener contactos con personas del norte y sur del país, como también de países vecinos. Además de hacer amistades participaba en ayuda a la comunidad, conectándome a través del éter con mi equipo transmisor, que tenía alcance dentro del país y los países vecinos, para distintos tipos de colaboración solidaria. (Leer más)
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Ahora quiero recordar aquellos días en que fui por cinco años integrante activa de La Cruz Roja de Chile. La sede de La Cruz Roja en la comuna de La Cisterna se encontraba en una inmensa y antigua casona de la avenida Pedro Aguirre Cerda, cuando ingresé su presidenta era la Sra. Etelvina Bonilla de Arancibia, así se le debía nombrar, era usual en ese tiempo el “de” para indicar su estado civil, era una mujer muy bondadosa y muy querida en la comuna. Recuerdo que tenía clases teóricas y prácticas, dos tardes a la semana, después en segundo año tuve práctica en el hospital Barros Luco y en tercer año fui a práctica al hospital de niños Exequiel González Cortés, siempre cumpliendo con dos veces a la semana con policlínico en la sede de la Cruz Roja. A todo esto seguía mis estudios secundarios y luego los primeros años de universidad. Como ven ocupaba muy bien mi tiempo. Nunca olvidaré el día de mi juramento como enfermera de la Cruz Roja de Chile, fue emocionante y de mucha felicidad. Existieron muchas situaciones que me conmovieron y templaron mi personalidad, hasta el día de hoy, me refiero a la solidaridad con mis semejantes. (Leer más)
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Cuando era niña sufrí un gran cambio, en el estricto significado de la palabra cambio.
Viví mis primeros años de infancia junto con mis padres y mi hermana Gaby, en casa de mis tíos-abuelos (para nosotras los abuelitos) de allegados, como se le dice ahora.
Emigramos de esa casa cuando mi padre compró, a plazo, un gran sitio donde se construyó una linda casa en la comuna de La Cisterna, allá por el año 1955. Era una casa maravillosa ya que después de haber vivido centralmente en la capital, con patio de baldosas y plantas en macetero, llegamos a un lugar donde las calles eran de tierra, salvo la nuestra, que conformaba un conjunto habitacional de unas 24 casas con árboles frutales y un extenso terreno para cultivar o plantar lo que se quisiera. Luego que llegamos ahí, mi padre hizo constuir una gran piscina, donde aprendimos a nadar, era la atracción principal en verano, llegaban familiares y amigos a visitarnos, los que incluso se bañaban de noche, cuando el calor asediaba, mi papá le instaló un sistema de luces muy novedoso, así que era un espectáculo el agua iluminada de colores. (Leer más)
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“Hay una mujer que tiene algo de Dios por la inmensidad de su amor y mucho de ángel por la incansable solicitud de sus cuidados.” Reza el primer verso de “Retrato de una Madre”, que viene a mi memoria hoy día cinco de Febrero cuando se cumplen cuatro años desde que mi madre me dejó. Esta fue la única vez que realmente me dejó, porque ella estuvo a mi lado siempre, aunque después que me casé no vivíamos en el mismo domicilio, tenía casa a unas cuantas cuadras de ella, Ahora siento su ausencia física, porque ella está continuamente en forma espiritual, en mi recuerdo presente. Fui su primera hija, recibí su gran amor, sus delicados cuidados, también sus enseñanzas y las reprimendas necesarias para mi formación. Son tantos los recuerdos que vienen hoy a mi memoria, que la muestran con una abnegación a toda prueba, siempre dispuesta a satisfacer los caprichos de sus hijos, apoyándolos y queriéndolos sin condición alguna. Sólo contaré uno que siempre viene a mi memoria, a pesar del paso del tiempo, yo tenía entre once y doce años.(Leer más)
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Tengo la convicción de que al llegar a este mundo fui gratamente acogida por un singular grupo familiar compuesto, por mis padres, claro está y ¡tres pares de abuelos! de los cuales les contaré hoy. Como recordarán, Elisa tía de Mercedes y Luis tío de René, eran pareja, Mercedes y René, mis padres. Los padres de Mercedes: Horacio y Emelina. Los padres de René: Victoria y Alberto. Esto de verdad es un tanto complicado, siempre que trato de explicarlo, no resulta muy claro para mi interlocutor, pero para mí está clarísimo. La vida me regaló con tres pares de abuelos:Alberto-Victoria, Horacio-Emelina y Luis-Elisa. Ahora va otra aclaración como Emelina falleció cuando mi madre tenía nueve años, él como buen varón contrajo nupcias con Angela, que se convirtió en una abuela maravillosa, pero muy estricta a la hora de almorzar o cenar, porque yo era y creo que aún soy mañosa para comer. Cuando niña salía constantemente con mis abuelitos Elisa y Luis, también visitábamos frecuentemente a mis abuelitos Victoria y Alberto, recuerden que Luis y Victoria eran hermanos. Al igual íbamos continuamente a casa de Horacio y Angela, ya que Horacio estuvo casado con Emelina, hermana de Elisa y además era el padre de Mercedes, mi madre.Como pueden apreciar estas parejas de abuelos de una u otra forma estaban ligadas, ya sea con un parentesco sanguíneo o político. (Leer más)
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Siguiendo con mis historias, todavía son las que me contaban mis antepasados, antes fueron mis abuelos paternos, ahora les contaré de mis padres. Ellos no se conocieron por casualidad, creo que todo les estaba dado, prescrito, quizás eso es el destino. Luego verán el por qué. Elisa y Luis eran un matrimonio muy complementado y estable, pero sin hijos. Tenían gran cariño por sus sobrinos. La sobrina preferida de Elisa era Mercedes, hija de su hermana Emelina. Por su parte Luis, hermano de Victoria, también tenía su sobrino predilecto y éste era Alberto René, llamado más familiarmente René, para no confundirlo con Alberto, su padre. Mercedes tenía sólo nueve años de edad, cuando fallece su madre, por lo que su tía Elisa, le brinda protección, llevándola a vivir a su casa, ya que el padre de Mercedes, Horacio, era muy joven para hacerse cargo de todo lo que demanda un ser a tan temprana edad. Al pasar de los años, los sobrinos de esta pareja, se fueron conociendo más debido a que se veían continuamente, en las reuniones sociales y familiares de sus respectivos tíos. Cuando ya eran unos jóvenes, él de 19 años y ella de 16 nació un sentimiento de cariño y amor, se pusieron de novios, como correspondía, a la formalidad de aquellos años.(Leer más)
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Les presento al tranvía, más conocido, por esos años como: “el carro 33”, que circulando por la Avenida Matta de la Capital, se hizo principal protagonista de esta historia verídica.
Victoria, la menor y única mujer de tres hermanos, tenía un padre muy riguroso, de valores morales estrictos, muy de acuerdo para esos tiempos, en el año 1915. Victoria fue invitada, unos días después de su graduación del “Colegio de Monjas”, a una reunión social en casa de una de sus compañeras de curso, donde por primera vez, compartiría con jóvenes varones que no fueran los de su familia. Como se acostumbraba, por esos años, los jóvenes se reunían temprano, ya que no les era permitido regresar tarde a sus hogares. Cuando ya caía el sol de ese día tan especial para ella, sabía que llegaba el momento de volver al hogar. Se despide de los participantes de dicha reunión y un joven; alto, moreno, de buena figura y muy galante, se ofrece acompañarla con la excusa de que iban en el mismo rumbo. Dubitativamente ella acepta, entonces ambos se encaminan al encuentro del carro 33 Avda. Matta, abordándolo. En su interior, siguen muy chispeantes comentando lo alegre y simpática que había resultado esta reunión. Alberto, el joven galante que acompaña a Victoria, pasa su brazo disimuladamente por sobre el hombro de ella, afirmándose en el respaldo del asiento.(Leer más)
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Hoy se inicia una nueva etapa en mi modesto conocimiento cibernético, espero que las personas que pasen por este sitio, puedan sentir agrado al leer mis artículos que pronto publicaré. Recién me estoy familiarizando con el manejo de este sitio.
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