Ahora quiero recordar aquellos días en que fui por cinco años integrante activa de La Cruz Roja de Chile.
La sede de La Cruz Roja en la comuna de La Cisterna se encontraba en una inmensa y antigua casona de la avenida Pedro Aguirre Cerda, cuando ingresé su presidenta era la Sra. Etelvina Bonilla de Arancibia, así se le debía nombrar, era usual en ese tiempo el “de” para indicar su estado civil, era una mujer muy bondadosa y muy querida en la comuna.
Recuerdo que tenía clases teóricas y prácticas, dos tardes a la semana, después en segundo año tuve práctica en el hospital Barros Luco y en tercer año fui a práctica al hospital de niños Exequiel González Cortés, siempre cumpliendo con dos veces a la semana con policlínico en la sede de la Cruz Roja. A todo esto seguía mis estudios secundarios y luego los primeros años de universidad. Como ven ocupaba muy bien mi tiempo.
Nunca olvidaré el día de mi juramento como enfermera de la Cruz Roja de Chile, fue emocionante y de mucha felicidad. Existieron muchas situaciones que me conmovieron y templaron mi personalidad, hasta el día de hoy, me refiero a la solidaridad con mis semejantes.
No podía dejar desamparadas a las abuelitas que con mucha dificultad llegaban hasta el policlínico a curar sus heridas en las piernas, por los várices reventados, sus úlceras varicosas; a las más viejitas, las iba a curar a sus casas, que por lo general estaban cerca o de camino a mi hogar y como el médico les había dicho que permanecieran lo más posible con su pierna en alto y en reposo, con esta acción sanaban más rápido y esto para mi era un gran triunfo. Luego se construyó una nueva sede, con varios box para atención de policlínico, consulta médica, consulta dental y una acogedora sala de reuniones, en la calle Pablo Goyeneche casi esquina de Gran Avenida, donde actualmente funciona.
Cerca de mi casa había una cancha de fútbol para la comunidad, la cancha “el toqui”, donde se reunían a jugar niños del sector, que conformaban clubes de fútbol, en una ocasión, llegaron varios niños y jóvenes a mi casa, con gran premura y agitación, preguntaban por la Srta. de la Cruz Roja y traían a un lesionado, no me pude negar al ver al joven tan adolorido y afligido y procedí como se debía, le di los primeros auxilios y un “dominal” que era lo que había en casa en ese momento, luego al otro día volvió, le seguí curando su herida, hasta que sanó, luego se corrió la noticia y me convertí en la Florence Nightingale de la cancha el toqui.
Otro recuerdo que tengo es relacionado con el hospital de niños, es un recuerdo triste, habían muchos niños abandonados, unos con escasos días de vida, sus madres daban domicilios falsos, al verlos enfermos, con malformaciones o prematuros, los abandonaban, algunos llevaban meses en el hospital, era como su hogar y el personal médico su familia, cuando estaban fuera de peligro, ya recuperados eran trasladados a hogares de niños abandonados. Me encariñé con un niño prematuro, abandonado, le pedía a mi mamá que lo adoptara, era tan lindo e indefenso, pero estaba muy desnutrido y con problemas respiratorios, murió, no tenía nombre.
Habían unos casos terribles de infantes con labio leporino, me tocaba inyectarles sus medicamentos, sufrían mucho al no poder respirar bien y cuando lloraban se les dificultaba mucho más, me daba tanta tristeza sus miradas, como pidiendo auxilio y no podía tomarlos en brazos, la enfermera jefe lo prohibía y con justa razón, se podían acostumbrar y sufrirían aún más, sólo podía acariciarlos. Afortunadamente hoy gracias a los avances médicos este problema se ha minimizado o bien se soluciona más rápidamente.
También me correspondió formar parte del plan de solidaridad, para el terremoto de Marzo de 1965, cuyo epicentro fue en La Ligua , como a 100 Kms. al norte de Santiago, se recolectó mucha ayuda, pero el punto negro, lo dio la ropa y zapatos, teníamos que separar la ropa por talla y el calzado por número; nos encontrábamos con ropa en muy mal estado, ropa de verano, ya estábamos en otoño, zapatos deteriorados, en resumen, después de seleccionar este vestuario, quedaron varias bolsas con ropa y zapatos indignos de repartir, al parecer algunas personas se deshacían de lo que no les servía y eso no es ayudar al prójimo.
Fueron muchas las tareas que realicé ayudando a la comunidad, cuando habían campañas de vacunación, íbamos a las escuelitas más humildes; también a poblaciones marginales, donde nos escoltaba Carabineros, nosotras éramos muy bien recibidas por las madres que acercaban a sus hijos al puesto de vacunación y quedaban ellas, muy contentas, por nuestra acción hacia sus niños.




Te convertistes en Florence Nightingale la mejor enfermera del mudo
Florence Nightingale la mejor de todas el otro dia hice un trabajo
de la mejor enfermera de todos los siglos Florence Nightingale el
trabajo que hize me costo un buen rato preparalo para poder
entregarlo bien presenatdo y bonito.
con cariño desde España maria