Dentro de mis recuerdos hay uno que significó un desafío grande para mí, no por la acción que debía desafiar sino por lo poco común que era, en esos años.
Pero como siempre me he desafiado, a mí misma, no podía dejar de sentir esa nueva sensación, que anhelaba experimentar. Así fue como me aventuré e hice mi solicitud para realizar el curso de piloto civil. Tuve que pasar varios exámenes, entre ellos sicológicos y médicos con lo cual la Dirección de Aeronáutica Civil me concedió la autorización para incorporarme al curso de vuelo en el Club Aéreo de Melipilla, cuando corría el año 1976.
Así fue que me desplazaba casi todos los días sábados, siempre que se presentara el tiempo climático en buen estado para la navegación aérea, hacia la localidad de Melipilla, a cumplir mi sueño.
Allí me esperaba un fiel Aeronca, que era un avión de instrucción biplaza en tamden, por lo que el alumno iba sentado adelante y el instructor atrás, esto me permitía apreciar todo frente a mis ojos, mi mayor asombro era ir volando sobre el borde costero y desplazarme entre valles hasta llegar al mar. Con este avión se podía llegar a una velocidad máxima de 95 MPH, su velocidad de crucero 87 MPH, la velocidad de aterrizaje 42 MPH.
Luego de la clase teórica, antes del despegue era necesario efectuar un chequeo pre-vuelo, se debía inspeccionar el motor, que recuerdo muy bien era uno de cuatro cilindros horizontales opuestos refrigerado por aire de 65 HP , revisar el combustible, el fuselaje, empenaje y timón.
Recuerdo que me apasionaba dirigir el avión haciendo ochos flojos. El ocho flojo resulta de dos virajes de 180 grados en dirección opuesta, con un ascenso y descenso simétrico ejecutado durante cada viraje, con otras muchas consideraciones en cuanto al vuelo más específicas; para mí esta maniobra era la que me exigía más coordinación, orientación y planificación, pero era fascinante.
Disfruté del placer que me produjo esta actividad, es algo indescriptible esa sensación de “ver” desde arriba e ir controlando el desplazamiento del avión al igual que experimentar el despegue y el aterrizaje son momentos que nunca olvidaré.




!que decidida y atrevida! yo las 4 veces que viajé en avion lo pasé fatal pero
horrible !que miedo que horror ! bien decidida que eres amiga
un abrzo desde españa de
Maria